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Un día en la vida de un cirujano

Un día en la vida de un cirujano: la realidad del pluriempleo médico

Cómo es un día en la vida de un cirujano con pluriempleo: hospital público, consultorio privado, guardias, complicaciones y el sueldo que nadie cuenta.

Cuando alguien me pregunta cómo es un dia en la vida de un cirujano, un día típico, suelo responder con otra pregunta: ¿de cuál de mis trabajos estamos hablando? Llevo 15 años de práctica médica y, en todo ese tiempo, nunca tuve un solo empleo. Hoy combino guardias en un hospital público, consultorio privado y cirugías programadas en sanatorios, y esto, lejos de ser una excepción, es la norma para la gran mayoría de los cirujanos que conozco.

En este artículo quiero contarte, sin filtros ni romanticismo, cómo es realmente un día en la vida de un cirujano con pluriempleo. No es la versión de las series médicas ni el discurso de "vocación pura" que muchas veces se usa para justificar lo injustificable. Es una mezcla de guardias agotadoras, consultorios donde toda la responsabilidad cae sobre uno, llamadas de madrugada por complicaciones y un sueldo que con frecuencia no se corresponde ni con la carga horaria ni con el riesgo que asumimos.

¿Por qué casi ningún cirujano tiene un solo trabajo?

La primera pregunta que me hacen los estudiantes de medicina cuando cuento mi rutina es: "¿por qué tenés tantos trabajos si ya sos cirujano hace un buen tiempo?". La respuesta honesta es que el pluriempleo no es una elección de carrera, es una condición estructural del sistema de salud en el que trabajamos, dependiendo de donde ejercemos. 

Posiblemente en los Estados Unidos un Cirujano pueda tener un sólo empleo y un yate, quizás en algunos lugares de Europa un sólo trabajo logra un ingreso suficiente para que se pueda tener un empleo, pero en muchos paises y en casi toda latinoamérica, el tener muchos empleos es casi una regla. 

El sueldo de un cargo en el hospital público, por más años de antigüedad y especialización que tengas, rara vez alcanza para sostener un nivel de vida acorde a la responsabilidad que implica operar a una persona. Así que la consulta privada aparece como complemento casi obligado. Pero el consultorio privado tiene su propia trampa: depende directamente de cuántos pacientes te consultan y, sobre todo, de cuándo (y si) las aseguradoras o prepagas terminan pagando esa consulta o esa cirugía. 

Entre la fecha en que operás a un paciente y el día en que efectivamente cobrás esa cirugía pueden pasar semanas o meses. Así que terminamos sumando un tercer frente: guardias pagas en sanatorios, cirugías programadas para otros equipos, docencia, peritajes, lo que sea que llene los huecos del calendario y del ingreso mensual. No es ambición, es matemática básica: ningún ingreso por separado alcanza, así que hay que sumarlos. Esto es algo que casi nadie le cuenta a un estudiante que recién empieza la carrera, y que sí desarrollo con más detalle, desde la perspectiva de la formación, en mi artículo sobre cómo es la residencia de cirugía general.

El día de un cirujano, hora por hora

Para que se entienda mejor de qué hablo, te comparto cómo se ve, en la práctica, un día representativo de mi semana. No es un día especialmente malo ni especialmente bueno: es, simplemente, un día normal con pluriempleo.

El pase de sala: trabajar con residentes cambia todo

Entre las 7 y las 8 empieza la revista de sala. Acá es donde se nota una de las grandes diferencias entre el sistema público y el privado: trabajo con residentes. Los residentes ya vieron a los pacientes antes de que yo llegue, tienen los datos de laboratorio, las novedades de enfermería, y me presentan un resumen de cada caso.

Mi trabajo es revisar, corregir criterio, enseñar y tomar las decisiones finales, pero no estoy solo. Si tengo que resolver algo en otro lado, hay alguien que sigue viendo a esos pacientes. Esa estructura, con todas sus imperfecciones (que las tiene, y muchas), funciona como una red. En el sistema público, aunque los recursos materiales sean limitados, el trabajo está repartido entre varias personas.

El consultorio privado: la responsabilidad sin red

Después del hospital público, mi día sigue en el consultorio privado. Debo reconocer que no es la parte que más me gusta de ser cirujano, podría decirse que me cuestan las consultas, pero es algo necesario si uno quiere tener pacientes y poder operar en la parte privada. Los pagos por consulta son generalmente bajos, y se acepta que las consultas no generen una parte importante del igreso porque el consultorio brinda cirugías para realizar, el supuesto verdadero ingreso.  

En general, y depende del lugar, es una práctica amena, que no suele superar las 2 o 3 horas de trabajo al día pero existe mucho trabajo burocrático, pedir autorizaciones, realizar recetas, certificados, curar pacientes. Acabado el día de consultorio puedo estar contento si logré encontrar una o dos cirugías para realizar. 

El quirófano del sanatorio: la cirugía que paga las cuentas

Algunas tardes, en lugar de consultorio, toca quirófano en el sanatorio privado. Muchas veces, de acuerdo al centro donde uno ejerza puede darse que hay mas recursos quirúrgicos en la parte privada. Aunque no faltan lugares donde escasea material, y no existe tecnología.

Pero la diferencia está en el sostén. En una cirugía privada, la familia del paciente me espera a mí, específicamente, al salir del quirófano. Generalmente no hay un equipo de residentes haciendo el seguimiento postoperatorio durante la noche, generalmente se encarga un médico clínico. Podría decirse que la práctica privada es mucho más pesada en cuanto a dedicación al no tener siempre una estructura armada para el trabajo. 

Para aquellos que alguna vez han tenido una complicación quirúrgica en la práctica privada, o peleas por honorarios con los sanatorios u obras sociales, comprenderán de lo que hablo. 

La noche que nunca termina del todo: el teléfono

A la noche, cuando llego a casa, el trabajo no termina, solo cambia de forma. Reviso resultados de laboratorio que llegaron tarde, contesto mensajes de pacientes que operé esa semana, organizo la agenda del día siguiente entre los tres lugares. Y, sobre todo, está el teléfono.

El teléfono que puede sonar a cualquier hora porque un paciente operado hace tres días tiene fiebre, o porque alguien de la guardia necesita una opinión sobre un caso. No siempre es una guardia formal, pero funciona como una guardia permanente y no remunerada: la disponibilidad constante que se espera de nosotros, sin que nadie la ponga en una planilla de sueldos.

Los días de guardia activa

Una vez a la semana y dos fines de semana al mes toca hacer guardia activa. En estas uno debe estar en el hospital, disponible para comenzar realizando cirugías programadas, según la complejidad del hospital, y luego bajar a consulta, atender urgencias, y estar siempre dispuesto a entrar a operar a cualquier hora. 

Es un trabajo lleno de adrenalina y tiene cosas excelentes como la formación del grupo de trabajo, pero después de varios años uno termina viendo un desgaste físico importante. Cuando era residente podia estar una noche sin dormir y al día siguiente funcionar sin problema. Hoy en día una noche sin dormir asegura un mal día siguiente donde muchas veces hay cirugías. 

Las complicaciones no avisan ni respetan horarios

En un día en la vida de un cirujano no podemos olvidar las complicaciones. Generalmente un cirujano con experiencia realiza entre 5 y 10 cirugías a la semana, de las cuales el 90% van bien. 

Pero a veces, y generalmente en rachas, comienzan las complicaciones. Algunas menores como los seromas, las infecciones de herida, la dehiscencia de los puntos. Otras mucho más complejas. Estas últimas, sobre todo en la parte privada, son una carga mental enorme para el cirujano, ya que debe alternar su buen juicio para procurar la mejoría del paciente, su humor para mantener una buena relación con la familia, y manejar la preocupación de un juicio de mala praxis. 

Todo ello puede significar noches sin dormir, problemas familiares, dificultades laborales. 

El sueldo de un cirujano: por qué el pluriempleo no es una elección

Vamos a hablar de algo de lo que en medicina casi no se habla: el dinero. El sueldo de un cargo hospitalario, incluso para un cirujano con 10 a 20 años de experiencia y muchas veces una especialización, suele quedar muy por debajo de lo que cobra un profesional con formación equivalente en otras áreas, y muy por debajo de la responsabilidad legal y emocional que implica tomar decisiones sobre la vida de otra persona varias veces por semana. 

La práctica privada, en teoría, debería compensar esa diferencia. Y en parte lo hace. Pero tiene sus propias reglas: depende del flujo de pacientes, de que las cirugías efectivamente se concreten (muchas se posponen o se cancelan), y de los tiempos de pago de las aseguradoras, que pueden demorar meses en liquidar una cirugía ya realizada. Entre que opero a un paciente y efectivamente veo ese ingreso reflejado puede pasar más tiempo del que me gustaría admitir.

Por eso, para la mayoría de los cirujanos que conozco, el pluriempleo no es una estrategia de crecimiento profesional ni una forma de "diversificar ingresos" al estilo de un manual de finanzas personales. Es la manera de armar, entre varios trabajos parciales e inciertos, algo parecido a un ingreso estable. Cada uno de esos trabajos, por separado, sería insuficiente; juntos, alcanzan, la mayoría de los meses.

Sé que esto puede sonar a queja, y en parte lo es. Pero también es información que me hubiera gustado tener cuando elegí esta carrera: la vocación es necesaria, pero no paga el alquiler ni la cuota del auto. Y un sistema de salud que depende de que sus profesionales acepten trabajar así "porque lo eligieron" tiene un problema que no se resuelve solo con discursos sobre vocación, o por el juramento hipocrático, que dicho sea de paso, tengo una nota en el blog muy interesante y que te invito a leer. 

No puedo hablar de honorarios exactos porque depende mucho del país que ejercen. Europa tiene sueldos un poco mejores que latinoamérica pero nada comparados con Estados Unidos. En mi práctica habitual se genera un equivalente entre 4 o 5 mil dólares mensuales pero dependiendo mucho de lo activo que fue el mes en la parte privada, de si hubo retrasos de pagos de clínicas (a veces hasta 7 meses), de los honorarios de los nomencladores. 

Llegar a casa con una sonrisa (a pesar de todo)

Con todo lo que conté hasta ahora, es válido preguntarse: ¿cómo se sostiene esto, día tras día, durante años? La respuesta más honesta que tengo es que hay un balance, frágil pero real, entre el desgaste y las cosas que sí compensan.

Un paciente que vuelve a caminar después de una cirugía complicada, una familia que te agradece con los ojos llorosos en la puerta del quirófano, un residente al que le ves la cara de "ahora entendí" cuando explicás algo por tercera vez de otra manera. Esos momentos no pagan cuentas, pero son los que hacen que, incluso después de 14 horas despierto, uno pueda llegar a casa y sonreírle a sus hijos sin que sea una actuación. 

 ¿Vale la pena el pluriempleo? Mi opinión sincera

Si me preguntás si recomendaría este ritmo a un cirujano que recién empieza, mi respuesta es honesta y un poco incómoda: no como forma de vida permanente, pero sí como una etapa que, en la práctica, la mayoría vamos a atravesar.

Lo que sí cambiaría, si pudiera hablarle a mi yo de hace 20 años, es la planificación. Entender desde el principio que el pluriempleo va a ser parte del camino te permite organizarte mejor: elegir en qué orden sumar los trabajos, cuidar los tiempos de descanso de manera más consciente, y no caer en la trampa de aceptar cada guardia extra que aparece "porque sí, total ya estoy cansado de todas formas".

También creo que hay una reflexión más de fondo, que tiene que ver con cómo entendemos la profesión. En mi artículo sobre el juramento hipocrático y si sigue vigente hablo de hasta qué punto seguimos sosteniendo, como gremio, una idea de "vocación" que históricamente sirvió para justificar condiciones laborales que en cualquier otra profesión serían inaceptables.

No digo que no haya vocación, la hay, y es real. Pero la vocación no debería ser la excusa para que el sistema no se haga cargo de lo que le corresponde. Veinte años después, sigo eligiendo esta profesión. Pero la elegiría con los ojos mucho más abiertos sobre lo que implica, en términos prácticos, sostenerla en el día a día.

Conclusión

Un día en la vida de un cirujano con pluriempleo no se parece en nada a lo que muestran las series médicas, ni tampoco al discurso de "elegiste esto, bancátela" que a veces se escucha. Es una combinación de sistemas que funcionan de maneras muy distintas, de responsabilidades que no siempre están bien repartidas, y de un equilibrio personal que cada uno construye como puede. Si sos cirujano, médico o estás en formación y esto te resuena, me gustaría leerte en los comentarios: ¿cómo armás tu propio "rompecabezas" de trabajos? Y si estás pensando en esta carrera, espero que este relato te sirva para tomar la decisión con información real, no solo con vocación.

Si te ha interesado la nota con respecto al tiempo en el que va a cicatrizar una herida, por favor valora esta para los demás lectores. Además, dejo a tu alcance artículos relacionados que seguramente pueden interesarte... Muchas gracias. 

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